Atrofia vaginal

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La atrofia vaginal, también conocida como vaginitis atrófica, es un trastorno que consiste en un adelgazamiento de las paredes de la vagina y en una disminución de su lubricación, lo que produce una mayor sequedad e inflamación vaginal.

Está causada fundamentalmente por una disminución de los estrógenos, que son la principal hormona sexual femenina, por lo que es un problema muy frecuente en la mujer durante la menopausia. Afecta aproximadamente a la mitad de ellas en este período, e influye tanto en su funcionalidad sexual como en su calidad de vida, pudiendo persistir los síntomas durante años si no se toman las medidas oportunas. Sin embargo, existen diferentes alternativas terapéuticas para intentar contrarrestar la clínica que produce esta patología.

¿A quién afecta la atrofia vaginal?

La atrofia vaginal es una patología muy prevalente en mujeres postmenopaúsicas. De hecho, entre un 40% y un 60% de las mujeres sufren síntomas urogenitales relacionados con esta entidad durante esa etapa de la vida.

Sin embargo, no es un problema exclusivo de este período, ya que también puede afectar a mujeres más jóvenes, sobre todo después del parto o durante la lactancia. No obstante, la prevalencia es mucho menor.

Se calcula que en torno a un 5% de las mujeres que acuden a una consulta de ginecología refieren síntomas relacionados con la atrofia vaginal, porcentaje que aumenta hasta el 15-20% durante la menopausia. A pesar de estos datos, se calcula que solo el 20%-25% de las pacientes con síntomas relacionados con la vaginitis atrófica buscan ayuda profesional.

Causas de la atrofia vaginal

La causa principal de la atrofia vaginal es la disminución en sangre de los niveles de estrógenos, que son las hormonas sexuales femeninas, y son producidos fundamentalmente por los ovarios y, en menor medida, por las glándulas suprarrenales, que son unos pequeños órganos situados encima de ambos riñones, que tienen como función la síntesis hormonal. Durante el embarazo, la placenta también tiene la capacidad de sintetizar estrógenos.

Las funciones de los estrógenos son, entre otras muchas, favorecer el engrosamiento de la pared vaginal, aportar nutrientes como el glucógeno a las células epiteliales de la vagina (que es aprovechado posteriormente por los lactobacilos que habitan en ella), y facilitar la lubricación o vascularización vaginal. Se deduce, por tanto, que todas aquellas situaciones en las que se produce una disminución de los niveles de estrógenos, como la menopausia, son causas potenciales de atrofia vaginal.

La vagina es un órgano corporal con una gran cantidad de receptores para los estrógenos, por lo que cuando éstos disminuyen se altera su funcionamiento normal. Se produce un adelgazamiento de las paredes de la vagina, un aumento del pH vaginal (lo que conlleva asociado una alteración de la flora normal de la vagina), una disminución del aporte sanguíneo a ésta, y una disminución de la secreción y lubricación vaginal. Todas estas alteraciones son las que provocan la sintomatología característica de la vaginitis atrófica.

Son causas o factores de riesgo de padecer atrofia vaginal:

  • Menopausia.
  • Fármacos: los medicamentos que reducen los niveles estrogénicos, como los utilizados en el tratamiento del cáncer de mama o en enfermedades uterinas como la endometriosis o los miomas, pueden causar atrofia vaginal.
  • Radioterapia sobre la región pélvica o quimioterapia.
  • Extirpación ovárica.
  • Lactancia: aunque parezca paradójico los niveles de estrógenos están bajos durante la lactancia, lo que puede producir atrofia vaginal durante dicho período.
  • Ausencia de parto por vía vaginal.
  • Estrés.
  • Ejercicio físico excesivo.
  • Consumo de tabaco.

Síntomas de la atrofia vaginal

En las mujeres posmenopáusicas, el déficit de estrógenos produce una sintomatología muy variada que va desde los sofocos hasta un aumento del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Otras manifestaciones como la atrofia vaginal pueden pasar inadvertidas, o incluso ser encubiertas por la propia paciente por vergüenza o por otros motivos de tipo cultural o religioso, por lo que sus síntomas pueden persistir durante años si no se instaura el tratamiento adecuado.

En ocasiones la atrofia vaginal puede no producir ningún síntoma. Cuando es sintomática, las manifestaciones clínicas más frecuentes son:

  • Menor lubricación vaginal. La sequedad vaginal es el síntoma más frecuente.
  • Dolor o malestar vaginal al mantener relaciones sexuales, lo que se conoce en términos médicos comodispareunia. Suele conllevar asociada una pérdida de interés por la actividad sexual.
  • La dispareunia afecta a un 10-15% de las mujeres en edad fértil, y aumenta hasta el 40-50% en mujeres mayores de 50 años.
  • Escozor o ardor al orinar (disuria).
  • Incontinencia urinaria, especialmente en las mujeres de más edad.
  • Prolapso vaginal (las paredes vaginales se desplazan hacia abajo de manera que la vagina pierde su localización habitual). El prolapso vaginal es consecuencia del adelgazamiento de la pared de la vagina y de la pérdida de los pliegues mucosos de ésta, como consecuencia de la disminución de los niveles de estrógenos.
  • Ardor de la vagina.
  • Pequeños sangrados vaginales, especialmente después del coito. También se pueden producir con más facilidad úlceras o lesiones en la pared vaginal.

Tratamiento de la atrofia vaginal

Existen muchas posibilidades terapéuticas para disminuir la sintomatología producida por la atrofia vaginal. Su tratamiento se puede abordar de las siguientes maneras:

Modificaciones de los hábitos de vida

Es importante eliminar todos aquellos factores de riesgo que pueden producir atrofia vaginal o los síntomas producidos por ésta, como la sequedad vaginal. La atrofia vaginal es un trastorno muy frecuente que va a aparecer en un porcentaje muy alto de mujeres y que resulta muy difícil de prevenir, ya que es consecuencia de la propia evolución natural a nivel hormonal que sufre una mujer durante su vida. No obstante, esto no significa que no haya que tomar medidas para aliviar, evitar, o retrasar en la medida de lo posible, la aparición de los síntomas que produce:

  • Abandono del consumo de tabaco: se aconseja a las pacientes dejar de fumar, pues el consumo de tabaco disminuye los niveles de estrógenos y se asocia a una mayor atrofia vaginal. Esto se debe a que el tabaco aumenta la velocidad del metabolismo de los estrógenos.
  • Práctica de ejercicio físico (excluyendo el ejercicio físico muy intenso): se recomienda practicar ejercicio físico moderado varias veces por semana, pues la obesidad también se ha asociado con la presencia de una mayor sequedad vaginal.
  • Mantener una dieta equilibrada.
  • Mantener una vida sexual activa: tener relaciones sexuales de forma relativamente frecuente puede ayudar a aliviar los síntomas de la atrofia, porque favorece la secreción vaginal, pero no está establecida la frecuencia ni el tipo de actividad sexual requerida.

Tratamiento no hormonal para la atrofia vaginal

Destacan fundamentalmente dos compuestos, los hidratantes y los lubricantes vaginales:

Los hidratantes vaginales no disminuyen la atrofia de la pared vaginal secundaria al déficit de estrógenos, pero sí mejoran la sequedad producida por ésta. De este modo alivian síntomas como la dispareunia (dolor con el coito), el ardor o el escozor vaginal. Estas sustancias tienen una eficacia demostrada, por lo que son el tratamiento de elección en pacientes con síntomas leves o moderados. Se pueden utilizar una o varias veces por semana.

En cuanto a los lubricantes vaginales se utilizan como añadido al tratamiento anterior, estando indicados antes de mantener relaciones sexuales. Se aconsejan los lubricantes a base de agua y silicona, y se desaconseja el uso de la vaselina como lubricante, pues produce daños en el látex de los preservativos o de los diafragmas, y además puede aumentar el riesgo de infección genital. Otros lubricantes a base de aceites tampoco están indicados para ser aplicados intra-vaginalmente.

Tratamiento hormonal para la atrofia vaginal

Cuando la sintomatología es moderada o severa y no cede con el tratamiento descrito anteriormente se hace necesario iniciar la terapia hormonal con estrógenos. Éstos se pueden utilizar de forma local o sistémica. El método de administración debe individualizarse después de haber evaluado cada caso en particular.

La aplicación de dosis bajas de estrógenos de forma local disminuye claramente la sintomatología de la atrofia vaginal, y además se consiguen evitar los posibles efectos secundarios que produce la administración de estrógenos a nivel sistémico. Están especialmente indicados en mujeres que presentan únicamente síntomas vulvovaginales. Existen en el mercado diferentes formas de presentación como tabletas, anillos y cremas.

Por su parte, la administración de estrógenos a nivel sistémico puede producir efectos secundarios importantes, por lo que solo se deben utilizar en mujeres muy sintomáticas. Hay que ser especialmente cuidadoso en determinados tipos de pacientes, como mujeres con cáncer de mama, en las que es necesaria la opinión de un experto para instaurar el tratamiento, ya que la terapia hormonal con estrógenos puede producir recidivas del cáncer. Los estrógenos administrados a nivel sistémico pueden producir otros efectos indeseados como hemorragia uterina o aumento del riesgo de accidentes cerebrovasculares. Se deben administrar acompañados de progestágenos.

Para iniciar el tratamiento hormonal también existen diferentes formas de presentación, como parches cutáneos, o comprimidos que se ingieren por vía oral

Fuente: Centro Médico Online

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